La ruta en contravía


Qué pasa cuando los días pasan sintiendo que uno está volviendo a empezar, ¿será que esto está mal? o será una oportunidad. Decimos que vivimos en un mundo sin posibilidades, que las opciones para las personas son pocas y que tenemos un destino que difícilmente cambiaremos, pero todo son sensaciones, autoimágenes y aprendizajes que hemos adquirido con el correr del tiempo, será qué crecimos tan adaptables que como consecuencia le tenemos mucho miedo a los cambios. Las familias nos han enseñado que es mejor estar seguro que andar en medio de la incertidumbre, la escuela nos dio instrucción más que educación, no nos enseñó a autoformarnos ni a liberarnos, la sociedad siempre ha acusado al revolucionario, los medios imponen las pautas de pensamiento, qué nos queda si reconocemos que crecimos en función de estos agentes de socialización, simple, hacer uso de nuestra autonomía y construir entorno a los valores un camino propio.

Caminar la otra senda, en un mundo que no acepta el concepto de diversidad sino que ha marcado las diferencias puede ser un camino espinoso, quién puede resistir las miradas inquisidoras, los comentarios o los silencios incómodos de las personas que no están de acuerdo con las pautas de la otredad. No basta con acciones, un espíritu libre, un espíritu fortalecido en la oración a Dios, en aprender a dar el siguiente paso, en superar el miedo cotidiano, y en la fe, son cualidades que moldean seres capaces de alcanzar los pines que la gran mayoría de los hombres por indecisión no se atreven a alcanzar. Para la sociedad es triste ver grandes cerebros acomodados al sistema, trabajando por los sueños de otros, buscando satisfacer necesidades básicas de consumo a pesar que a leguas se nota que si despertarán y pasaran de la pasividad a la acción aportarían grandes cosas al mundo. Unos lo intentaron otros lo están intentando, que sería de nuestra raza si durante la historia no existiera la ruta en contravía....

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