La reescritura como acto íntimo.
La reescritura es una relación intima entre el creador y su obra, un viaje de descubrimiento mutuo donde cada revisión desvela nuevas capas de significado. Como señala Eliseo Altunaga, es la cadena sintagmática de sentido que se entreteje en este ritual con varias capas de profundidad que concibe un guion.
Cada vuelta al texto es una oportunidad de profundizar en los territorios inexplorados de la economía narrativa, donde descubrimos resonancias que no habíamos anticipado y melodías que no sabíamos que podíamos entonar de manera más sucinta. La reescritura se convierte así en un espejo que refleja tanto la evolución de la historia como el crecimiento del autor.
La magia de la reescritura reside en
ese diálogo constante entre la intención inicial y el descubrimiento continuo,
entre lo que anhelamos expresar y lo que la película necesita. Es un acto de
humildad creativa donde aprendemos a ser tanto arquitectos como arqueólogos de
nuestro propio trabajo.


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